lunes, 10 de marzo de 2014

Municipio de Carlos Casares

CARLOS CASARES

Refiriéndonos a la campaña bonaerense, en el Registro Gráfico del Departamento Topográfico de entonces (1864), resultaban muchas zonas en blanco, es decir, desiertas, de tierras no adjudicadas ni divididas.
Y la zona oeste, ahora, sumamente rica en producción agropecuaria, confirmaba esa inexploración y desconocimiento geográfico y cartográfico mencionado.
A partir de la instalación del Registro Gráfico, precisamente, se pueden comprobar subdivisiones de campos, nombres de los primitivos pobladores del actual Partido de Carlos Casares y, hasta, algunos accidentes geográficos como las lagunas. Los campos eran una sucesión de médanos, lomas y bajos rodeados de cañaverales y lagunas salitrosas; este tipo de suelo –hasta, a veces, movedizo- era denominado popularmente guadal, a la vera de las famosas rastrilladas. Creo que este paisaje está magistralmente descripto por Lucio V. Mansilla en “Una excusión a los indios ranqueles”.
Esta zona fue habitada primitivamente por las parcialidades aborígenes de los pampas, los ranqueles y los borogas.


Los pampas, a quienes con el tiempo llamaron puelches (por lo menos en aquella región) establecieron sus tolderías en Salinas Grandes y uno de sus más sobresalientes caciques fue Catriel; los ranqueles[1] se establecieron en un lugar conocido como Lauvucó o Leubucó y si bien tuvieron muchos destacados jefes, el más popular fue Payné. La tercera de las parcialidades, los borogas, se estableció inicialmente en Carahué o Carhué y, luego, de ser dominados por los blancos, en Los Toldos, bajo la autoridad del Cacique Coliqueo.
En 1869, el ministro Gainza reorganiza los destacamentos defensivos. Rivas será comandante en Azul con jurisdicción hasta Bahía Blanca, Borges en Junín custodiando el Oeste. Una línea de fortines y cantones diseña la frontera.
Es que a pesar de que todo lo hecho por los gobiernos, hasta entonces, parecía insuficiente, en realidad lo que llamaban “las depredaciones aborígenes” continuaban, persistiendo los ataques sobre los centros poblados. Por ello, en 1869, el Gobierno dispuso un nuevo adelanto fronterizo, mediante el cual los fortines de la nueva línea “civilizadora” pasaron a establecerse dentro de los límites del actual partido de Carlos Casares.
estación Carlos Casares año 1949
La Comandancia de la nueva frontera se constituyó de manera definitiva en el Fuerte General Paz, el cual estaba ubicado en los campos del actual paraje La Sofía. Del mismo Fuerte dependieron en la zona, y en su última etapa, los fortines Comisario, Algarrobos –instalado sobre la barranca de la laguna del mismo nombre-. El séptimo, fortín Barrera –cercano a la ubicación que en la actualidad tiene Carlos Casares-, Luna, Los Aliados y Rifles. Estos fortines eran pequeñas y precarias residencias, generalmente cuadradas o rectangulares, siendo atendidas por un oficial al que denominaban Comandante y una tropa que variaba en número según la importancia.
Para una mayor consolidación de la frontera, entre fortín y fortín se reforzaron terrazas y casas particulares, las que utilizaron primordialmente las azoteas; uniendo estos fortines entre sí o con el Fuerte General Paz, donde se estableció la Comandancia de la Frontera Oeste. De esta manera se fue formando el “camino de los fortines”, que no era más que una huella que se hacía más notable que las existentes.
A los cantones son llevados los contingentes de la guardia civil, ahora que prácticamente ha cesado la guerra del Paraguay. El reclutamiento es el conocido de arrear los gauchos sin padrinos, a quienes se provee de malos caballos y deficientes armas para combatir indios bien armados y montados. Morirán a millares. Martín Fierro describe en su primera parte la vida del soldado en los cantones de los tiempos de Sarmiento. Poco pueden contra los malones estratégicamente dirigidos por Calfucurá, con participación de pampas y ranqueles.
Las tierras que en el futuro pertenecerían al Partido de Carlos Casares estuvieron, hasta 1877, regadas de sangre de blancos y de indios, sufriéndose hasta la pérdida del ganado que por allí apacentaba tranquilamente.
Para la historia de lo que sería el Partido de Carlos Casares una figura destacable es la de don Antonio Maya, inmigrante español afincado en Nueve de Julio, que había trabajado como hornero y, en forma posterior –con una visión y un esfuerzo para nada desdeñables- arrendaría tierras en la región, logrando consolidarse con una gran solvencia económica.
A partir de su posición de nuevo rico y viéndose ante la posibilidad de poder imponer ciertas cosas, don Antonio llegaría a un acuerdo con las autoridades del Ferrocarril Oeste, ofreciendo tierras de su propiedad para que las vías férreas se extendieran en la zona.
Entonces, hablando del Ferrocarril Oeste, se inauguraba el 11 de enero de 1889, en esa línea, la Estación de Carlos Casares. El gestor de la fundación –como se dijo- fue Antonio Maya y el pueblo tomó su nombre –en un primer momento- independientemente del de la Estación (Carlos Casares). No se hace falta aclarar que la Estación y su nombre, que finalmente prevalecería, fue tomado en homenaje del destacado hombre público y gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1875 y 1878, y que tanto había hecho por la extensión del Ferrocarril Oeste.
Como ya se dejó entrever, contando con los servicios ferroviarios, Maya proyectó la formación de un pueblo y para dicho objeto dividió y loteó 2.119 hectáreas, y aún verdaderamente cuando el primitivo caserío comenzó a llamarse Pueblo Maya (aunque no tenía nada que ver con Chichén Itzá, Tikal, Palenque o Piedras Negras), se impondría finalmente el nombre de la Estación Carlos Casares.
Hacia fines de agosto 1891, la intención de la clase dirigente argentina era convertir a los inmigrantes recién arribados en agricultores, más que seguir engrosando el ejército urbano que tenía actividades más o menos industriales. Argentina era considerada por los europeos un buen punto de inmigración. El Barón Mauricio Hirsch estaba al tanto de esa preferencia, por lo tanto su organización hizo comprar 24 mil hectáreas, cerca de Carlos Casares, y el que llevó adelante la operación fue el profesor Wilhelm Loewenthal. Éste científico higienista rumano había llegado al país en plena crisis de 1889, y estaba muy preocupado por la suerte de sus hermanos étnicos, por lo tanto se dedicó a estudiar las condiciones climatológicas, sanitarias y sociales de las colonias pobladas por europeos y la adaptación de los mismos en el territorio nacional. Por ello recorrió las provincias de Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Corrientes y Entre Ríos, entonces, decidió instalar la Colonia Mauricio, la primera de la Jewish Colonization Association (JCA) en el país, en territorio bonaerense.
Hoy, los campos que ocuparon aquellos hombres de largas barbas y extraño idioma pertenecen a los actuales pueblos de Algarrobos, Hirsch, Moctezuma, Smith y Santo Tomás, los que parcelaron y transformaron en una importante fuente de producción que proporcionó fuerza económica y adelantos a la zona.
Buenos Aires se conmovió ante tan inusual hecho: la mayoría de los inmigrantes fueron rusos judíos. Hasta entonces la comunidad israelí de todo el país se calculaba en 1500 personas. Los barcos, atestados de exóticos individuos, provenían en su mayoría de Hamburgo y El Havre. Así, en el término de seis meses, arribaron casi tres mil inmigrantes israelíes. Germán Deutchs, quien fuera corresponsal de un diario vienés, niega terminantemente que hayan aparecido en los periódicos de Buenos Aires opiniones contrarias a la inmigración ruso-judía, arriesgando él mismo un juicio desde las columnas de La Prensa; simplemente contando la llegada del vapor “Pampa” y la conversación que tuvo con su capitán quien le manifestó que “durante el período de veinte años que trae inmigrantes al Río de la Plata, jamás ha podido observar una conducta y moral tan buenas”.
Susana Sigwald Carioli toma fundamentalmente los relatos de Marcos Alpherson y Boris Garfunkel. Alpherson narra la llegada de más de 300 judíos, procedentes de Austria, Alemania, Rusia y Turquía, a la desértica estación de Carlos Casares, cerca de la cual se fundaría, como dijimos, Colonia Mauricio. “Dos ranchos, uno de delgadas tablas, otro de chapas, en los que habían instalado dos boliches, constituían junto con el andén todo el poblado”. Después de esperar unas horas en completa soledad, sin otro alimento que los mendrugos de pan que conservaban en la mochila, los inmigrantes vieron aparecer entre los yuyales la alta silueta de las carretas conducidas por criollos, que debían llevarlos al punto seleccionado para establecer la colonia.

El carácter cosmopolita de la población de Carlos Casares provocó el surgimiento de sociedades representativas de los grupos mayoritarios: por ejemplo, la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos en 1894.
En Carlos Casares se fundaba la Sociedad Española en 1896. El 23 de agosto de aquel mismo año, en la capilla del pueblo se podía leer: “Piedra fundamental de la Iglesia San Antonio de Padua-Pueblo Maya – Padrino Domingo Maya-Madrina Dominga Ureta de Maya...” continuando con la fecha aludida. Esto demuestra que en el orden religioso, como veremos, también se produciría un cambio de nombre.
Continuando con el plano religioso, es de mencionar que en agosto de 1898 comenzaría a funcionar una Capellanía Vicaria, siendo su primer titular el presbítero Benigno A. Álvarez.
Durante el gobierno provincial de don Bernardo de Irigoyen se inició un vasto plan de colonias agrícolas. Tal es así que en el año 1900 la provincia recibió 10.213 inmigrantes y en 1901, 12.848 almas "gringas".
También en 1900, en Carlos Casares se inauguraba la Sociedad Israelita.
La antigua aldea de Casares se fue transformando y adquiriendo una fisonomía propia. En esta tarea se destacó José Barreras al frente de la Comisión de Obras Públicas, cuyas principales actividades fueron la creación del Cementerio, la Comisaría y la Capilla; también fueron creados el Registro Civil y los primeros periódicos regionales, “El Eco de Casares” y “La Voz de Casares”, los que tuvieron destacada influencia en la consecución la autonomía municipal.
Tiempo después, al accionar periodístico antes descripto, se sumo la acción decidida de dos políticos locales de influencia provincial: el señor Nicolás Robbio y el doctor Felipe Espil; el proceso de autonomía se había iniciado en la Cámara Baja provincial en 1906.
El 31 de diciembre de 1906 fue sancionada la Ley Provincial de creación del Partido de Carlos Casares.
El 8 de enero de 1907 es promulgada con el N° 3019 la Ley de creación del Partido de Carlos Casares. Las tierras para la formación del nuevo Distrito fueron tomadas de los existentes partidos de Nueve de Julio y Pehuajó. El mismo instrumento jurídico designaría cabecera de partido al pueblo del mismo nombre (Carlos Casares) que fuera fundado por Antonio Maya.
El 11 de enero el Poder Ejecutivo Provincial nombraría Juez de Paz titular del partido de Carlos Casares a A. Menvielle, siendo su suplente Adolfo Raitzin. El comandante militar sería Clemente Figueroa y el Comisionado Municipal Héctor Robbio; al día siguiente se nombraría Comisionado Escolar a Manuel Patrono.
Desde la creación del Partido casarense se contó con una Escuela pública que estaba instalada en la Avenida de Mayo, siendo su directora la señorita Cecilia Borja.

El 13 de julio de 1907 se designó a la dotación de policía, la que quedó constituida por 28 efectivos.
El 21 de junio de 1913, por Decreto de Monseñor Juan Nepomuceno Terrero, fue creada la Parroquia de Carlos Casares, siendo su primer titular el presbítero Orencio Antonio Mainer y a la cual se la colocó bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, siendo que el anterior Patrono había sido San Antonio de Padua.
Un periódico, “El Pueblo” que había sido fundado por el padre Federico Grote, como extensión del programa círculos de obreros, publicó su primer ejemplar el 1° de abril de 1900. En mayo de 1929, el periódico estrenó nuevo edificio. Era la antigua casa que fue de Carlos Casares, gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1875 y 1878. Antes de ser usada por el periódico había sido sede de la Asociación Católica, desde 1905. Estaba en Piedras 567 (ahora, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires).
No resulta antojadizo relacionar una ciudad del interior bonaerense como Carlos Casares con el "teatrocirco", y para ello nada mejor que reproducir en forma completa un fragmento extraído de un escrito de Atilano Ortega Sanz en su Libro de Oro 1943, publicado por la Biblioteca Radioteatral: "¡Para amar al campo argentino hay que recorrerlo! En los meses de octubre y noviembre ganas de correr por trebolares y gramillares. Nosotros viajábamos por lo general en un ómnibus contratado ex profeso para toda la gira. Cada novela es una gira. Cada gira, un problema. Cuando nos llueve seguido, un desastre.
"Con esto de la radio me hice de muchos amigos en el interior, que apenas llego ya me esperan con sus automóviles para recorrer los alrededores. Hay familias que consideran una ofensa si me niego a tomar mate con ellos en su casa. La gente del interior es siempre la misma, generosa, hospitalaria, amable...
"Cuando me preparaba a realizar mi primera gira por el interior, se me consultó si deseaba ir a Bolívar, Carlos Casares y Nueve de Julio. En esas tres ciudades se me conocía más como peón de campo y autor de 'algunos versitos', que por el radioteatro. Como yo me había criado por esos contornos y nadie es profeta en su tierra, temía que el fracaso me diera la bienvenida. Pero me equivoqué: fui recibido de tal manera que se lograron verdaderos récords de boletería.
"Todos los teatros resultaron pequeños. Fueron días de gran emoción que no olvidaré nunca.
"Cuando pasábamos de Carlos Casares a Bolívar, nos detuvimos en Hortensia[2], en aquel pueblito que yo había cantado cuando no tenía doce años y que según una descripción mía de aquel entonces, 'visto desde la loma del camino de San Juan de Nelson, parecía una bandada de palomas blancas reposando'.
"Allí ejercía mi padre su magisterio 20 años atrás. Apenas detuvimos el ómnibus, algunas personas nos rodearon. Todos en silencio, profundamente emocionados. Alguien me invitó a ver la casa donde me había criado desde la edad de 7 años. Al enfrentarme a ella, no pude evitar algunas lagrimas. Una mujer del pueblo me alcanzó unas flores. Amigos de otros días me abrazaban.
"Lo que había sido el colegio, era ahora un comité, pero la casa se conservaba igual, siempre con su duraznero en el patio, con el tapial un poco vencido y el palenque al frente. Lloré un buen rato como un chico.
"Aquellos lugares donde pasé mi niñez y donde quisiera morir cuando me llegue la hora […]".
En 1959, siendo gobernador el doctor Oscar Alende, el ministro de Asuntos Agrarios desarrolló una acción al servicio de la producción, a través de chacras experi­mentales (Barrow, Iraizos), estaciones experimentales (Bellocq y Manantiales), estaciones de fruticultura (Chacabuco, Mercedes, Ca­zón, Delta) y estación de horticultura (Parque Pereyra Iraola).
Se pueden mencionar durante la administración Alende, en 1960, nuevos esta­blecimientos asistenciales: Sala de Primeros Auxilios en Ascensión, Arribeños, Bayauca, Villalonga, Agustina, Smith, Sansinena, San En­rique, entre las pequeñas localidades del interior.
Para 1961, año en el cual el Gobernador Alende emite su último mensaje, el Gobierno había fina­lizado obras para provisión de agua corriente en 11 ciudades y de servicios cloacales en otras seis. Las obras más importantes fueron los acueductos Paso Piedras, Grümbein-Bahía Blanca y Nueve de Julio-Carlos Casares-Pehuajó. Es decir, con la construcción de estos complejos de hi­dráulica se pudo aprovisionar de agua corriente a: Bahía Blanca (también desagüe cloacal en esta ciudad), Balcarce, Baradero, Be­risso, Campana, Carlos Casares, Colón, Chacabuco, Chascomús, Chi­vilcoy, Coronel Dorrego, Ensenada, General Villegas, La Plata (también desagüe cloacal), Lincoln, Miramar, Necochea (también desa­güe cloacal), Nueve de Julio, Olavarría (también desagüe cloacal), Pedro Luro, Saladillo, Salto, Ramallo, Rojas, Tres Arroyos (también desagüe cloacal).
Cuando el doctor Anselmo Marini llegó a la gobernación (1963) las Obras Sanitarias -en cuanto a cobertura real- eran totalmente insuficientes. El gobierno privile­giaría las zonas más densamente pobladas, aunque también llevó un servicio -limitado- a algunas zonas del interior: Carmen de Pata­gones, General Villegas, Pehuajó, Sierras Bayas, Arrecifes, Campana, Tres Arroyos, Olavarría, Bragado, Nueve de Julio, Carlos Casares, Berisso y General Madariaga.
Las localidades que componen el Partido de Carlos Casares son: la misma ciudad de Carlos Casares –que es la cabecera del Partido-, Smith, Bellocq, Moctezuma, Cadret, Hortensia, Ordoqui, Mauricio Hirsch, La Sofía y Colonia Mauricio.
En este último Partido bonaerense, en la ciudad cabecera funcionaban las Escuelas Números 1, 2, 3, 8, 9, 501, la Escuela Nacional Normal, la Escuela Superior General José de San Martín, el Instituto Comercial Mixto Juan XXIII, la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 1 y el Centro de Educación Física N° 11.
También en Carlos Casares, en el plano financiero, funcionaban cuatro sucursales bancarias pertenecientes a los Bancos de la Provincia de Buenos Aires, de la Nación argentina, Cooperativo de Carlos Casares y de Olavarría.

Profesor DANIEL ALBERTO CHIARENZA

Fotos
http://ar.lasdistancias.com/distancia-de-chivilcoy-a-carlos-casares
http://es.wikipedia.org/wiki/Partido_de_Carlos_Casares
http://www.argentinaturismo.com.ar/carloscasares/
http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-491884037-a1785-carlos-casares-estacion-tren-y-la-martona-lote-4-fotos-_JM
www.buenosairesturismo.com.ar



[1] - Ranqueles: La denominación “ranquel” dada a este pueblo por españoles y criollos es una deformación de su verdadero gentilicio: ranküllche (es decir, gente de los carrizos o de más allá de los cañaverales; ranküll = carrizo, caña silvestre; che = gente). Es un grupo de raigambre mapuche (mal llamada “araucana” por los españoles, como si fueran vegetales). Igual que otros grupos de la región pampeana y cordillerana y los mapuche chilenos, entraron en un “ciclo ecuestre” tras la rápida adopción del caballo en los tempranos tiempos coloniales, y sufrieron una serie de transformaciones culturales: la ganadería se convirtió en principal actividad económica quedando la agricultura de cereales y hortalizas en segundo término, etc.
[2] - Hortensia: Aún hoy (año 2000) el camino que une Carlos Casares con Bolívar continúa siendo de tierra y bastante intrincado por cierto. Aunque Hortensia se encuentra sobre las vías ferroviarias entre las estaciones Ordoqui y Herrera Vegas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada